martes

desde aquí

Desde la tempestad que arrastra a los débiles te escribo, sabiendo que no debo, pero a la vez, sabiendo que lo que no se debe al final siempre más se quiere...

Imagino que ya te olvidaste de lo poco que fui, aun así te digo que si no hubieras dejado tus pasos marcados en la tierra antes de irte, no hubiera podido llegar a este punto de referencia contigo, por cierto, es un lugar delicado, lo he recorrido en plenitud, es una  manera casi absurda de sentirme cerca de ti, aunque nunca lo estemos...(más que a roces imaginarios y distanciales) que se conjugan solamente una vez en la vida y con una persona...
Así es lo fulminante, para quienes no lo saben, pero todo tiene un final, dos noches mas contigo y de seguro lo pierdo todo.

absolutamente todo

Por cierto, te dejo lo que escribí en una servilleta barata (esa que viene bajo el pan del desayuno de este hotel de quinta):


Poco me importa que tus manos húmedas jueguen a perderse en esos pechos siameses de quien esta noche juega a ser tu espejo,
poco o casi nada me importa que busques en esa piel nueva el temblor que solo mis palabras te saben causar

Porque nadie sabrá tocarte jamás
como lo hice yo, la noche que nos perdimos del mundo y fuiste solo para mi
porque no soy yo,
ni nunca lo seré
poco me importa que otra imagine que puedes ser de ella...

1 comentarios:

Naya dijo...

me gusto mucho
usas palabras super sencillas en frases no tan simples que suenan encantadoras :)
lo que si quitaría algunas comas, pero quien soy para hablar de comas xD
me gusto mucho, especialmente lo en negrita
saludos!

Palabras de otros...



" y sé 
que hay una fecha, un día, detrás de cada calle,
un rencor deseable,
un arrepentimiento, a medias, en el cuerpo"


...Por lo demás hay que ser imbécil, hay que ser poeta,
hay que estar en la luna de Valencia para perder más de cinco minutos con estas nostalgias perfectamente liquidables a corto plazo..."

Julio Cortázar

Problemas de geografía personal

Nunca sé despedirme de tí, siempre me quedo
con el frío de alguna palabra que no he dicho,
con un malentendido que temer,
ese hueco de torpe inexistencia
que a veces, gota a gota, se convierte
en desesperación.

Nunca se despedirme de tí, porque no soy
el viajero que cruza por la gente,
el que va de aeropuerto en aeropuerto
o el que mira los coches, en dirección contraria,
corriendo a la ciudad
en la que acabas de quedarte.

Nunca sé despedirme, porque soy
un ciego que tantea por el túnel
de tu mano y tus labios cuando dicen adiós,
un ciego que tropieza con los malentendidos
y con esas palabras
que no saben pronunciar.

Extrañado de amor,
nunca puedo alejarme de todo lo que eres.
En un hueco de torpe inexistencia,
me voy de mí
camino a la nada.

Luis García Montero

 
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