jueves

Desayuno conmigo

El sol da en mi pequeña terraza por las mañanas, he decidido llevarme el café (descafeinado por cierto) y mirar hacia el cerro, estoy en días placenteros, silenciosos, en días de reencuentro conmigo misma, días que extrañaba enormemente...

Fui a mis libros y tomé uno al azar, salió Demian de Hesse, y recordé que me encanta

!Ahí estaba, exactamente como en mis sueños! Alta, con algo masculino, muy parecida a su hijo; hermosa y arrogante,maternal y apasionada, mujer y demonio, bella e indescifrable, mi amamante, mi destino, !ella!

En el mundo interior de cada uno siempre aflora la oscuridad de las formas, las maneras, la arrogancia precisa para sentirse dueño de lo que uno siente.. ¿pero lo somos?

3 comentarios:

El eco de mi voz dijo...

Ando corta de tiempo... así es que no pude leer tu escrito. Pero respondiendo a tu pregunta, no creo tampoco que nos conozcamos.
Cómo llegaste a mi blog?
Saludos

leaf dijo...

entre vuelta y vuelta... por ahí di con el

saludos que tengas buena tarde..!!!

Org@smo dijo...

Demian, ¿cómo olvidarlo?... Parece ser que en los reencuentros con uno misma nos hemos encontrado... Lo bueno parece ser que hablamos de reencuentros...

PD: Gracias por pasar :)

Palabras de otros...



" y sé 
que hay una fecha, un día, detrás de cada calle,
un rencor deseable,
un arrepentimiento, a medias, en el cuerpo"


...Por lo demás hay que ser imbécil, hay que ser poeta,
hay que estar en la luna de Valencia para perder más de cinco minutos con estas nostalgias perfectamente liquidables a corto plazo..."

Julio Cortázar

Problemas de geografía personal

Nunca sé despedirme de tí, siempre me quedo
con el frío de alguna palabra que no he dicho,
con un malentendido que temer,
ese hueco de torpe inexistencia
que a veces, gota a gota, se convierte
en desesperación.

Nunca se despedirme de tí, porque no soy
el viajero que cruza por la gente,
el que va de aeropuerto en aeropuerto
o el que mira los coches, en dirección contraria,
corriendo a la ciudad
en la que acabas de quedarte.

Nunca sé despedirme, porque soy
un ciego que tantea por el túnel
de tu mano y tus labios cuando dicen adiós,
un ciego que tropieza con los malentendidos
y con esas palabras
que no saben pronunciar.

Extrañado de amor,
nunca puedo alejarme de todo lo que eres.
En un hueco de torpe inexistencia,
me voy de mí
camino a la nada.

Luis García Montero

 
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